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Un medido entusiasmo. La revista Somos frente a la crisis del Atlántico Sur (1982)

Por María Paula Gago*
 
 
 
 

Si bien los estudios realizados sobre el rol de la prensa durante el conflicto del Atlántico Sur indican el triunfalismo que caracterizó a la gran mayoría de los discursos mediáticos (Blaustein y Zubieta, 1999) también es cierto que no existió un solo relato sobre Malvinas sino una multiplicidad de voces narrativas (Varela, 2001; Escudero, 1996), inclusive dentro de una misma empresa editorial (Gago y Saborido, 2011).

En el caso de Atlántida, la revista Somos – publicación semanal que se dirigía sobre todo al mundo empresarial, en ese momento comprometido de manera significativa con el proyecto económico ultraliberal que impulsaba el ministro de Economía Roberto Alemann- afrontó el conflicto con el Reino Unido desde la perspectiva de una racionalidad económica de corte liberal absteniéndose, dentro de las posibilidades que brindaba el clima triunfalista del momento, de participar en la visión optimista que caracterizó en general a la prensa. Por otra parte, Gente -revista de información general, sin dudas de mayor circulación que Somos, cuyo estilo “osado” permitía mezclar temas considerados “serios” con muestras de fuerte frivolidad (Ulanovsky, 2005) apeló al triunfalismo, la construcción de un enemigo único y la exageración.

Por motivos de espacio, este artículo centrará el análisis en la postura enunciativa que la revista Somos adoptó frente al conflicto del Atlántico Suri. Y las principales hipótesis que lo orientan son dos: en primer lugar, tratándose de una publicación que se dirigía sobre todo al mundo empresarial, en ese momento comprometido de manera significativa con el proyecto económico ultraliberal que impulsaba el ministro de Economía Roberto Alemann, Somos afrontó el conflicto con el Reino Unido desde la perspectiva de una racionalidad económica de corte liberal absteniéndose, dentro de las posibilidades que brindaba el clima triunfalista del momento, de participar en la visión optimista que caracterizó en general a la prensa; segundo, el proceso que culminó con la rendición del 14 de junio fue visto como “una traición de Occidente”, incapaces los que deberían haber sido nuestros aliados, de comprender las razones del accionar de los militares.

Atlántida, Somos y la dictadura

La editorial Atlántida es recordada como una de las empresas periodísticas que apoyó con más fuerza y consecuencia la dictadura militar instalada en marzo de 1976. Si bien Gente y Para Ti fueron las principales, desde su aparición el 24 de septiembre de 1976, Somos se pronunció en favor de la lucha antisubversiva y la defensa de la política económica implementada por José Alfredo Martínez de Hoz.

Producido el relevo en el gobierno en marzo de 1981, la crisis en la que se sumergió el país durante los meses que gobernó el general Viola produjo un viraje en los planteamientos del semanario, comenzando los reclamos de retorno a la senda democrática y republicana.

La visión de Somos frente a la realidad era crítica: en el número que coincidía con el sexto aniversario de la toma del poder por parte de la Junta Militar se afirmaba que “de sus tres objetivos –paz interior, desarrollo económico, continuidad política- sólo uno quedó asegurado” (Somos, Nº 288, 26/03/1982. “Clave Política”), porque a partir de 1980 se produjo un fracaso económico rotundo. Sin embargo, se consideraba que no todo estaba perdido:

      El Proceso de Reorganización Nacional va perdiendo, si se quiere, por puntos, pero quedan algunas vueltas por delante. Si se sabe aprovecharlas, puede convertir una presunta derrota en una victoria, del mismo modo como convirtió, en 1980 y 1981, una presunta victoria en una presunta derrota (Somos, Nº 288, 26/03/1982. “Clave Política”).

Este nuevo aval que se le otorgaba a los militares estaba fundamentalmente relacionado con la posibilidad de que el ministro Alemann reencauzara la economía sobre bases liberales, pero también de la concreción de “un acuerdo político que establezca bases mínimas de convivencia entre las dos grandes corrientes que, sea por vía militar o por vía electoral se manifiestan una y otra vez en el país: liberalismo y populismo (…)” (Somos, Nº 288, 26/03/1982. “Clave Política”).

Somos ante la crisis del Atlántico Sur

El operativo realizado el 2 de abril de 1982 produjo una conmoción de proporciones: conocido es el apoyo inmediato que parte significativa de la ciudadanía brindó a la ocupación de las islas; no es objetivo de este trabajo destacar la importancia del tema Malvinas para la sociedad argentina (Palermo, 2007), ni tampoco analizar las razones y estrategias de los militares que prepararon el operativo (Cardoso et al., 1983) lo que importa destacar es que tenía consecuencias inmediatas para la realidad económica y política del país, y Somos se pronunció en esos temas.

  1. Las cuestiones económicas: “la guerra y las fatigadas arcas de Alemann”

La reacción de Somos frente a los acontecimientos previos a los hechos del 2 de abril fue de cautela: el titular de tapa del número justamente correspondiente a ese día se preguntaba “¿Las Malvinas valen una guerra?” (Somos, Nº 289, 02/04/ 1982). Este interrogante era el disparador de un análisis que señalaba que la guerra contrastaba “con las fatigadas arcas de Alemann” (Somos, Nº 289, 02/04/ 1982). En términos generales, la revista se mostraba extremadamente “preocupada” por el destino económico del país.

En el primer editorial publicado tras la ocupación, se saludaba el ejercicio de la soberanía sobre las islas como “un hecho trascendente que nos llena de satisfacción” (Somos Nº290, 09/04/1982. “Entre usted y yo”. Editorial), pero ese ejercicio brindaba la posibilidad, además, de “afianzar el país –todo el país- en la senda democrática, republicana”, pero también de “terminar con la tremenda fragilidad de nuestra moneda” (Somos Nº290, 09/04/1982. “Entre usted y yo”. Editorial).

Esta preocupación por las repercusiones económicas del conflicto se constituyó en uno de los temas recurrentes de quienes editaban la revista: más allá de participar en alguna medida de la euforia de esos días –ponen énfasis en puntualizar el apoyo popular-, despliegan una serie de argumentaciones destinadas a destacar lo que significaba la nueva coyuntura para los asuntos de índole económica.

La primacía de la economía vista desde la perspectiva liberal se puede apreciar en el editorial del 23 de abril (Somos, N° 292) en el que se plantea que la posibilidad de que el apoyo al gobierno en el tema Malvinas por parte de las principales corrientes políticas se extienda a áreas de la política interior haría imposible, “seguir con la política económica actual” (Somos, Nº 292, 23/04/82. “Entre usted y yo”. Editorial).

Desde esta perspectiva, el apoyo de los partidos debe utilizarse para avanzar en el diálogo; “pueden, inclusive, acelerarse los pasos para la organización definitiva de una salida democrática” pero, concluye, “que este baño de emoción restauradora no conmueva nuestro equilibrio ni sensatez”; en definitiva la aplicación coherente de políticas económicas ultraliberales como las que defendía Roberto Alemann (Somos, Nº 292, 23/04/82. “Entre usted y yo”. Editorial).

La dimensión del apoyo del ministro se expresó en artículos en los que se elogiaba el hecho de que “no renunciamos a ningún principio ideológico” (Somos, Nº 290, 09/04/82. “Clave Económica”), y además se afirmaba que los gastos que demandara el operativo Malvinas no iban a tener, por lo menos en principio, incidencia en la lucha contra la inflación que estaba librando Alemann.

Ante la lógica inquietud de los ciudadanos, que se veían enfrentados a una realidad desconocida, Somos se preocupó en informar en qué consistía una “economía de guerra”. Al destacar las medidas económicas que exigía una situación bélica, se pone en primer plano que “el salario queda como controlado, así como otros aspectos relacionados con las jornadas y condiciones de trabajo” (Somos Nº291, 16/04/1982. “La economía en la trinchera”. Claudio F. Salamanca).

A medida que se agravaba el conflicto y su desarrollo obligaba a decisiones de emergencia, la revista se alineó de manera incondicional con las medidas gubernamentales: la intervención del Estado es vista como “un mal inevitable” que la gestión Alemann puede utilizar porque, sin duda “van a desaparecer apenas la situación se modifique” (Somos, Nº 291, 16/04/1982. “Clave Económica”).

Sin embargo, la guerra y su desenlace forzaron a un cambio de perspectiva: el hecho de la intervención activa de los Estados Unidos a favor del Reino Unido y de las manifestaciones explícitas de apoyo por parte de las naciones latinoamericanas, la idea de reorientar el comercio exterior en función de las relaciones con los vecinos, y también las propuestas de integración latinoamericana tuvieron cabida en las páginas de Somos (Somos, Nº 300, 18/06/1982. “Amigos y clientes”. Rubén Chorny).

  1. Las consecuencias políticas de la guerra

Resulta impensable que desde Somos no se saludara con alborozo los acontecimientos del 2 de abril. No obstante, como se ha dicho ya¸ desde un principio la revista puntualizó que “la satisfacción por la tierra reconquistada no significa que no olvidemos la seriedad de la acción y la gravedad que ella tiene” (Somos, Nº 290, 09/04/1982. “Entre usted y yo”. Editorial).

Desde este punto de vista, las preocupaciones de Somos en términos estrictamente políticos giraban, por un lado, en torno al significado que podía tener para el rumbo de la dictadura. Si bien ya se “barajaba” la posibilidad de una aperturaii, la idea de Galtieri era que la transición a la democracia fuera un proceso lento, controlado por los militares. El nuevo escenario se tornaba peligroso, ya que un desenlace negativo sin duda iba a traer consecuencias dramáticas y peligrosas. De allí que en los primeros días se insista en que más allá de que la recuperación de islas sea

       (…) un hecho importante para nuestra vida republicana, no es todo (…) El objetivo realmente trascendente de la sociedad argentina debe ser, sin duda, el logro de los principios fundamentales establecidos en nuestra Constitución Nacional (Somos, Nº291, 16/04/1982. “Entre usted y yo”. Editorial).

Pero, por otra parte, existía otra cuestión trascendente, vinculada con el impacto exterior del operativo. La condena de la invasión por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas era sólo la primera expresión concreta de una situación en la que la República Argentina se enfrentaba a los países occidentales con quienes supuestamente compartía principios ideológicos, sin contar con otro apoyo que el de los países latinoamericanos. Esta posición de aislamiento, en la que algo tenía que ver el desprestigio generalizado del gobierno argentino por las violaciones a los derechos humanos ampliamente difundidas en el mundo, sin duda era objeto de inquietud. De allí que Somos se preocupara inicialmente por valorar de manera positiva la misión encarada por el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Alexander Haig. Para la revista se trataba de un claro discurso destinado a apuntalar una resolución negociada del conflicto que dejara a salvo la posición internacional de la Argentina.

Desde luego, la decisión de los Estados Unidos de apoyar de manera inequívoca al Reino Unido una vez fracasadas las negociaciones obligó a una rectificación, aunque siempre dejando abierta la cuestión a interrogantes respecto del comportamiento del gobierno de Reagan.

Sin embargo, una vez verificado el alineamiento de los Estados Unidos junto a los “enemigos del país”, se presentaba otro problema importante: el ofrecimiento de apoyo por parte de la Unión Soviética. Esta oferta del Kremlin ponía a las autoridades argentinas ante una posibilidad preocupante: la de enfrentarse a los aliados ideológicos vinculándose con la potencia que hasta ese momento era teóricamente la portadora del proyecto contra el cual habían luchado y “triunfado” en una guerra “que no había buscado”.

Somos plantea esta cuestión como “una crisis de fe” (Somos, Nº296, 21/05/1982. “Entre usted y yo”. Editorial), y su posicionamiento se sintetizaría de la siguiente manera: la República Argentina se identificó desde sus orígenes con Occidente, “con este Occidente de la democracia y de la libertad”. Estados Unidos y el Reino Unido fueron tradicionalmente los países portadores de estos valores, pero la cuestión es, para quienes editan la revista, que son los gobiernos de estos países quienes los traicionan no la Argentina. La consecuencia sería entonces que nuestro país se encontraba en esos momentos en la vereda de enfrente de quienes eran los estandartes de los principios occidentales.

Es de destacar la escasa capacidad de autocrítica: salvo el comentario realizado respecto de “nuestros errores políticos del pasado” (Somos, Nº297, 28/05/1982. “Entre usted y yo”. Editorial), el peso de la culpa se cargaba exclusivamente sobre los Estados Unidos, que debió ejercer el liderazgo “ante la temible amenaza del comunismo”. Para Somos, los errores de la política exterior estadounidense obligó a la Argentina, ante la imposibilidad de comprar en los mercados occidentales, a aprovisionarse de armas en una negociación con la Unión Soviética.

La visita del papa Juan Pablo II introdujo un elemento adicional en la dinámica del conflicto. Frente a los cuestionamientos provenientes de algunos sectores, que destacaban el viaje realizado por el Sumo Pontífice al Reino Unido, desde la revista se realizó una encendida defensa de su accionar y del comportamiento del pueblo argentino, unido estrechamente a su gobierno: al equilibrar la balanza con su viaje a la República Argentina, Juan Pablo II no sólo mostró su disposición hacia nuestro país –“el Papa, después de todo, jamás podría optar abiertamente por una de las dos naciones en guerra” (Somos, Nº 299, 11/06/1982. “Clave Política”.) - sino que además rompía la situación de aislamiento en la que parecía encontrarse el país, sólo apoyado por aliados “peligrosos”, como la Unión Soviética y Cuba, o por los países latinoamericanos, carentes de peso significativo en las relaciones internacionales.

A modo de cierre

La rendición del 14 de junio abrió una nueva etapa en la historia argentina: la derrota militar fue acompañada del reemplazo de Galtieri por Reynaldo Bignone en una operación confusa, y por la decisión del Ejército de asumir en adelante todas las responsabilidades políticas sin compartirlas con las otras fuerzas.

Para Somos, el fracaso del gobierno implicaba la pérdida de una oportunidad y por lo tanto lo único que corresponde es “que se reafirme con hechos la intención republicana de las Fuerzas Armadas” (Somos, Nº301, 25/06/1982. “Clave Política”). Destacando que nunca se había sumado al “coro triunfalista” (Somos, N° 301, 25/06/1982. “Entre Usted y Yo”. Editorial) que acompañó a todo el proceso desde el 2 de abril, se sentían entonces con la autoridad suficiente como para reclamar a los militares que condujeran con eficacia el retorno a la democracia. Pero además, la sociedad tenía “un deber moral ineludible con todos aquellos argentinos que han dado la vida por hacernos soberanos” (Somos, Nº301, 25/06/1982. “Clave Política”).

Desde el comienzo del conflicto, el discurso de Somos se orientó preferentemente al análisis de la guerra desde la perspectiva económica. Enfatizando la necesidad de utilizar la oportunidad brindada por la ocupación de las islas para concretar un retorno ordenado a la democracia, el fracaso de los militares condujo a una nueva coyuntura en la que las adhesiones del pasado debían ser abandonadas.

Sin embargo, existía un tema en el que Somos continuaba teniendo una visión prodictatorial: el hecho de que compartían la visión de quienes se sentían los portadores de los valores occidentales; de allí se derivaba que la incomprensión de las grandes potencias era el resultado de la miopía de quienes las gobernaban, que no percibían que la “guerra justa” en la que se habían empeñado los militares constituía la única manera de salvaguardar a la República Argentina de su caída en un régimen totalitario.

 

 

* Para la revista de Ciencias Sociales de la Univerisad de Buenos Aires 

María Paula Gago

  

i Para el análisis se tomaron tanto los espacios editoriales como las dos principales secciones fijas de la revista “Clave Política” y “Clave Económica”, y también artículos a cargo de redactores especiales como Rubén Chorny, Edgardo Ritacco, Luis Pazos, Tabaré Areas y otros.

 

ii Con el fin de impulsar apoyos civiles en el arco político, se organizó -en febrero de 1982- un gran asado para 13.000 comensales, en los festejos por el aniversario de la ciudad de Victorica, en La Pampa, al que asistieron todos los gobernadores civiles, contando con el apoyo del Movimiento Federalista Pampeano (el evento fue denominado el “asado del siglo”).


Fuentes Primarias

Revista Somos – Nro. 289 (año 6) a Nro. 300 (año 6).

 

Bibliografía

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Del Carril, Bonifacio (1986). La cuestión de las Malvinas, Buenos Aires, Hyspamérica.

Díaz, César Luis. (1999). “Atlántida. Un magazine que hizo escuela”, en Historia de las Revistas Argentinas, Buenos Aires, Asociación Argentina de Editores de Revistas, Tomo III.

Escudero, Lucrecia (1996). Malvinas. El gran relato. Fuentes y rumores en la información de guerra. Barcelona, Gedisa.

Gago, María Paula y Saborido, Jorge (2010). “¿Las Malvinas valen una guerra?” La revista Somos y el conflicto del Atlántico sur, V Jornadas de Trabajo sobre Historia Reciente, 22-25 de junio, Los Polvorines, Universidad Nacional de General Sarmiento.

Gago, María Paula y Saborido, Jorge (2011). “Somos y Gente frente a la guerra de Malvinas: dos miradas en una misma editorial” en J. Saborido y M. Borrelli (Coord), Voces y Silencios: prensa y política durante la dictadura militar (1976-1983), Buenos Aires, Eudeba. p. 335-358.

Novaro, Marcos y Palermo, Vicente (2003). La Dictadura Militar 1976/1983, Buenos Aires, Paidós.

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