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Fábrica de Héroes

Por Maria Laura Guembe*
 
 
 
 

La cobertura mediática de la guerra de Malvinas es una clase magistral sobre la creatividad que opera detrás de toda estrategia de censura y distorsión. Si bien al presenciar una operación de censura todo lector se ve atrapado por la incertidumbre en torno de adivinar lo que fue suprimido, el caso de Malvinas porta otra curiosidad: la de lo que se construyó con el resto.

La primera operación de censura se centró en el control de la producción de información en torno de la guerra. La segunda en su edición. La tercera en su circulación.

En este breve artículo me interesa la segunda operación, en particular sobre el rol desempeñado en esto por la revista Gente y su pretensión de exhaustividad y exclusividad informativa. Lo que sigue es un primer acercamiento al tema.

Desde el comienzo de la guerra y hasta el día de la rendición, la revista Gente le dedicó sus números completos. El sujeto de su enunciación se convirtió ya desde la portada en un “nosotros” no inclusivo: nosotros que “Vimos rendirse a los ingleses”; nosotros que “Estamos en guerra”; nosotros que “Vamos a atacar”; nosotros que “Estamos ganando”. Durante el conflicto, el enunciatario era un “usted”: “usted” que recibe la información que sólo “nosotros” le podemos dar. Nosotros que estamos ahí.

Así, desde un lenguaje exageradamente deíctico, la revista dedicó centenares de páginas a mostrar, señalar, indicar, lo que había ocurrido, con pretensión de exclusividad heroica (éste, él, acá, así, son grandes dedos índices que arremeten desde los titulares contra las fotografías).

El fotógrafo

Mientras en su número del 8 de abril Gente tatuaba en su tapa la leyenda “Fuimos el único medio periodístico que estaba ahí”, el diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca llevaba seis días publicando fotografías e informes de producción propia1. De golpe todos querían ser el vocero exclusivo de la Armada. Ocurre que desde los últimos días de mayo el diario sureño tenía su reportero y su fotógrafo arriba del barco comandado por el contralmirante Büsser, camino a Malvinas, mientras la revista Gente tuvo un golpe de suerte al dar con un fotógrafo argentino que estaba en Malvinas por casualidad trabajando para una agencia francesa. Rafael Wollmann fue así el primer héroe que Gente enalteció desde su exasperación deíctica. Wollmann, “el único periodista que estuvo ahí”, había permanecido oculto en una casa de Stanley durante el desembarco, junto a unos cuantos periodistas más, intentando adivinar cuál sería su suerte como argentino mezclado entre ingleses en medio de una guerra.

 

De ahí en adelante, la revista publica cantidades de fotografías, todas ellas del después, donde los militares argentinos pasean sus tanques por la Ross Road, posan con sus uniformes limpios e intactos, o se dejan fotografiar custodiando a los prisioneros ingleses. Las fotografías de Wollmann aportan a la construcción del relato heroico y, de paso, a la del fotógrafo héroe que hasta posa junto a la avión de Aeromaster (ni siquiera el avión queda exento de intencionalidad semántica) provisto por la revista para devolver al hombre a Buenos Aires.

El buzo

Entre una imagen y otra, el lector se va haciendo de una jerga nueva y se adentra en el mundo de estos nuevos héroes. El segundo héroe fabricado desde la revista es un héroe genérico. No tiene todavía nombre ni apellido, aunque sí tiene cara y disfraz. Es el buzo táctico: “Fueron los primeros en desembarcar. Los que hicieron en terreno pantanoso ocho kilómetros de marcha en sólo cuarto horas. Mantuvieron los enfrentamientos más duros. Tuvieron bajas. Son hombres preparados para todo tipo de combate. Pero, ¿quiénes son, dónde se entrenan, qué saben hacer?”

 

 

¿Por qué Gente necesitaba enaltecer esta figura? Mientras pocos rostros aparecen sin nombre, el sujeto de la foto es anónimo. Y la fotografía, que pertenece a la agencia ILA ocupa una página completa en un número que no necesita material de relleno. ¿Por qué?

El artículo que la acompaña cuenta sobre la base de entrenamiento en la ciudad de Mar del Plata y sobre los ejercicios rigurosos de supervivencia desarrollados por este grupo selecto. Sosteniendo un nivel de generalidad constante en afirmaciones y referencias, omite mencionar también el nombre de quien fuera responsable del entrenamiento de estos personajes: Alfredo Astiz para ese entonces ya era conocido en Argentina y en el exterior por su participación en el secuestro de las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon y estaba en la mira de la justicia francesa. Sólo cuando la fotografía en la que firma la rendición en las islas Georgias comenzó a circular en los medios, se supo que marino había estado en Malvinas. La revista, cuidadosamente no lo menciona. Avanza, en cambio, en la enumeración de virtudes de esos sujetos anónimos y remata diciendo: “Ahora, cuando usted lea buzo táctico, ya sabe de qué le hablan”. Ese ahora refiere al momento en que, promediando la segunda mitad del mismo número, el lector se encuentre con uno de estos aquamanes de fabricación casera devenido mártir.

El mártir

Entre las notas sobre cómo era la vida de los “nuevos argentinos” antes del 2 de abril aparece una que cuenta que Inglaterra había impreso en 1981 dos estampillas referidas a las islas Malvinas, ambas con imágenes de Lady Di. Ni lerdos ni perezosos, los ideólogos de la revista Gente proponen la suya y la destinan a un homenaje: “Un símbolo para honrar al capitán Pedro E. Giachino, muerto por la Patria”.

 

 

La noticia de la muerte de Giachino recorrió el país montada en relatos más o menos similares. Si bien no fue el único muerto de ese día, los medios decidieron concederle la exclusividad del deceso. Mientras tanto, a los edificios de la Marina la noticia llegó de otra manera: para ellos, el muerto era “Pablo”. Así se hacía conocer frente a las personas ilegalmente detenidas en el casino de oficiales de la ESMA. Así recuerdan a Giachino algunos de los ex detenidos-desaparecidos que pasaron por ahí. Gente no duda en llamarlo “El héroe del 2 de abril” y en una doble página despliega una serie de fotografías que muestran el jeep donde trasladan el cuerpo, el retrato del legajo militar del muerto, la imagen de la viuda con una de las hijas llorando en el velorio en la Base Naval Puerto Belgrano, y la ceremonia de traslado del cajón cubierto por la bandera argentina. En la ceremonia, el comandante en jefe de la Armada lo despidió diciendo: “Señor, recibe en tu seno a este soldado que tiene como mérito supremo el haber dado su vida en defensa de la Patria”. Los detenidos de la Esma entendían de una manera bien distinta a qué se referían estos sujetos cuando hablaban de la “Patria”.

El halcón

El 20 de mayo Gente publicaba en su portada la fotografía de un piloto de la Fuerza Aérea sentado en su avión, con los brazos hacia arriba y los pulgares en gesto de victoria (los militares no usan para esto los dedos en V). Era el héroe de “los halcones”. La imagen portaba felicidad y estaba precedida por el titular: “Respuesta argentina a las agresiones británicas: VAMOS A ATACAR”. De esta manera convertía al personaje únicamente en defensor, y marcaba con claridad que el ataque aún no había comenzado. Había sido un buen comienzo, pero lo mejor estaba por venir.

 

 

Indagando sobre el combate del 12 de mayo, en el que participaron el piloto y el avión de la fotografía, es fácil encontrar errores importantes en el texto de la revista, pero mucho más en el sentido de la fotografía de la portada:

Los barcos ingleses en cuestión eran dos: el destructor Glasgow y su escolta, la fragata Brilliant. Dos escuadrillas argentinas emprendieron contra ellos: la Cuña, integrada por cuatro aviones de los cuales sólo uno sobrevivió al intento pero en su regreso terminó fuera de pista2, y luego la Oro. El sistema de defensa de la Brilliant falló y eso permitió que los aviones arrojaran cuatro bombas: tres impactaron sobre el destructor dañándolo seriamente (la bomba que más lo dañó, lo hizo atravesándolo, ya que no explotó) y una sobre la fragata, ocasionándole daños menores. Uno de los aviones de la escuadrilla fue derribado a su regreso por las baterías antiaéreas argentinas sobre Goose Green. Después de la batalla, el Glasgow se retiró del combate. Frente a todo esto, Gente eligió poner en su tapa una imagen de victoria indicando que el dibujo del barco pintado sobre el avión representaba a la fragata (¿?) y omitiendo el nombre del destructor así como también toda mención a los pilotos muertos y los aviones derribados. Tantas bajas no le iban bien al título “Vamos a atacar”.

La historia oficial

Número a número, Gente fue fabricando sus propios héroes y batallas, muchos de los cuales fueron retomados por la historia oficial de la guerra. Cada fotografía, cada dibujo y cada testimonio fueron utilizados para construir un enunciador privilegiado y un enunciatario pasivo, convencido de presenciar en esas páginas los secretos y las claves de un momento histórico.

Decía al comienzo que se trata de una clase magistral sobre manipulación. Sobre desinformación también, ya que varias estrategias se juntan aquí: la ausencia de datos, la sobreabundancia, la tergiversación, la sobreexplicación. Todo por el mismo precio.

Treinta años más tarde, la relectura de éstas y otras páginas de la época nos permite reconocer nombres que aparecen con frecuencia en los periódicos que cubren los juicios por crímenes de lesa humanidad y otros que no se mencionan por haber fallecido en el ínterin. Todos ellos pasaron por distintos grupos de tareas. Los buzos tácticos, en particular, tuvieron su lugar de desempeño en la Base Naval Mar del Plata. Los sobrevivientes de ese lugar los recuerdan todavía. Giachino, que se había formado, al igual que Astíz, en el Curso de Reconocimiento Anfibio que dictaba la Escuela de Infantería del Ejército, tuvo tiempo de pasar por la ESMA también. Allí y en Mar del Plata había desarrollado la práctica de patear puertas y entrar a los tiros a casas ajenas. En esa acción fue que lo mataron, irrumpiendo en la casa del gobernador inglés en Stanley. La única acción violenta que se registró en el desembarco y, según algunas fuentes, en contra de las órdenes que le eran impartidas. Hoy, en memoria del capitán Giachino (ascendido post mortem), varias escuelas públicas del país llevan su nombre. Se trata, sin dudas, de una de las figuras construidas por la prensa y por las propias Fuerzas Armadas y arraigadas en las memorias de la guerra. El desafío será, en adelante, construir nuevas memorias que no necesiten de héroes inventados porque, si un héroe es lo que queremos, vasta adentrarse en las historias de las trincheras o en las de quienes tuvieron destinos de aire y de mar y seguramente encontraremos algunos más genuinos.

1 Esto lo afirma la revista con intención de instalar esa idea, sin dejar de mencionar en sus páginas a otros medios y a otros reporteros y hasta incluyen una entrevista a los enviados de La Nueva Provincia. Las contradicciones estallan a la vista del lector sin llegar nunca a ser una preocupación para el editor.

2 Camogli, Pablo, Batallas de Malvinas¸ Buenos Aires: Aguilar, 2007. Pág. 130

 

Maria Laura Guembe* Para la revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires

 
 
 
 
 

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